No os vais a creer lo que me pasó el otro día cunado fuí al Puig Major a caminar y a respirar un poco de aire puro.
Iba yo tan tranquilo, perdiéndome en el hermoso paisaje de la Tramuntana cuando de repente escuché un ruido, el de unas piedrecillas que caían ladera abajo, unos 3 metros detrás de mi.
Una cabra pensé y no le dí más importancia. Sin saber porqué me sentí observado, miré por todos lados y nada, dirigí mi vista hacia arriba y me pareció ver como si algo parecido a una figura se movió rápidamente para desaparecer entre los matorrales. Joder, era muy grande para ser una cabra, osos Grizly no hay por estas zonas y ya soy grande para creer en big foods. Me armé de valor y empecé a trepar hasta donde vi ese ser extraño.
Una vez arriba, como era de esperar, estaba cansado y además allí no había nadie, mientras mis pulsaciones se ralentizaban, escuché:
-Pssssst-
Un pedo de una cabra pensé.
Pero nuevamente:
-Pssssst, psssst, ¡tú!
Una voz tenue salía de una pequeña cueva cercana.
-Es a mí? Dije cuando no había nadie en kilómetros a la redonda desde Lluc o hasta Caimari.
-Claro!, ¿quién eres? Preguntó con la voz temblorosa.
Era una tipa de pelo larguísimo y encrespado, llevaba por vestimenta un saco de patatas (literal) de Sa Pobla y unas porqueras. Su aspecto era descuidado, aparentaba más edad de la que debía tener, unos 30 calculo yo. Su rostro esra la definición del miedo y la vergüenza. Nerviosa, me cogió del brazo y empezó a repetir una y otra vez:
-No digas que me has visto, no digas que estoy aquí, no digas que me has visto…
-¿Quién eres?, si se puede saber, ¿vives aquí?, te queda muy bien este saco, ¿es lo nuevo de bershka?
-¡¡No digas a nadie que estoy aquí, que me has visto!!
-Vale, vale no te preocupes- Le decía mientras miraba de un hilo que salía de su saco de 25 kg.
-No te rías de mí, de mi precaria vestimenta, pues soy doctorada por la UIB.
Mmmmmm… Vale, empecé a entender.
Siempre me había pregunatdo dónde iban a parar los que se doctoraban en la UIB, era realmente un misterio, había oído leyendas de que existían y que alguien había visto algún que otro doctorado/a fuera del campus, yo no lo creía, pero sabía que existían.
-¿De verdad eres una doctorada por la UIB?
-Sí, dijo bajando la mirada mientras tocaba con la porquera la parte trasera de su pantorrilla.
Se dibujó una especie de sonrisa en mi cara, era como si frente a Buda me encrontrase,
-¿así que realmente existis? Pregunté
-Sí, hay muchos más como yo, que han hecho el doctorado en la UIB y se han visto obligados a esconderse, nadie sabe que existen, ni dónde van, pero ahora ya lo sabes.
Acto seguido puso su mano en mi rostro y parte de mi nuca. Su mano estaba fría, me trasmitió una especie de cosquilleo por todo el cuerpo, fue una experiencia como mística. Después con su mano tocándome aun, me dijo: ahora vete y no digas que me has visto, no digas que estoy aquí.
